miércoles, 4 de julio de 2018

Artia

Siguieron corriendo, siempre hacia el norte, mientras el sol proseguía su camino a través del cielo y se acercaba al ocaso. Las sombras avanzaban por la planicie y trepaban por las laderas hacia las cumbres de las montañas. Un grupo de animales grandes y poderosos, con largos pares de colmillos planos que casi rozaban el suelo, se agitó a su paso, y uno de ellos, un ejemplar enorme, cargó contra los verdes chillando y resoplando. Aumentaron la velocidad de la carrera y el animal se paró en seco, y finalmente dio media vuelta, satisfecho con su exhibición de fuerza, y se reunió con el resto de la manada.


Mientras quedó algo de luz, Teno, Furo y Alia continuaron su marcha, trotando sin descanso. Cuando oscureció del todo se detuvieron, jadeantes, en medio de la nada.
¿Veis algo? preguntó Alia.
No. ¿Y tú? preguntó Teno dirigiéndose a Furo, que resoplaba por el esfuerzo.
Nada carraspeó Furo.
¿Los habremos perdido? dijo la niña.
No respondió Teno respirando aún con dificultad por la carrera. Están cerca, seguro. Cogió una bocanada de aire. Por ahí delante señaló. Deberíamos subir a algún sitio alto y esperar a que se haga oscuro.


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